Enclaustrado en el dolor,
en penitencia por tu adios;
desterrado de tu eden,
entre tinieblas de terror.
Soy un hijo de la noche,
ya no hay luz sin ti;
y es que sin ti,
estoy muriéndome de amor.
Entre la obscuridad,
se escapará la paz,
cuando oigas
mi quejido, aullido, grito, llanto, libre al viento;
a media noche así,
me acordaré de ti,
desde el cementerio de los vivos que mueren por dentro
Y es que estoy muriéndome de amor
padeciendo por tu cruel traición.
Siento como se me va,
el alma de mi humanidad;
entre lunas llenas soy,
el rey de la desilusión.
Y se ríe a carcajadas,
tu promesa en mi;
y con la sombra de tu cuerpo,
he de morir.
;-; buuuuh
Y entre las mil cosas que decía mientras yo cerraba la puerta, interrumpí -No mi amor, no hagas ruido. Guardó silencio unos segundos. -¿Cómo me llamaste? Se acercó lentamente, me tomó de la cara y me dio un beso. No sabía que podía amarla más, pero siempre lo logra.
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